Pensaríamos que tenemos todo planeado y todo bajo control; pero la verdad es tan distinta. Pasamos toda nuestra vida persiguiendo algo: buenas calificaciones, una carrera universitaria, tener un mejor empleo, tener un auto, tener, tener tener… Y se nos olvida lo que realmente importa.
Tengo 34 años que cumplí hace unos meses durante el 2021: tuve mi primera fiesta sorpresa y fue lo más maravilloso que he vivido (en cuanto a festejos), me sentí muy amado por la persona que decidí amar por el resto de mi vida. En estos años he tenido la desgracia o fortuna de destruir mi vida un par de veces para reconstruirla ladrillo a ladrillo, esta última vez desde los escombros del dolor y lágrimas, resucitando de entre los muertos como Jesús nos enseñó.
En esta última temporada descubrí que tuve muchos planes de vida; muchos se lograron y otros tantos se perdieron, me he dado cuenta que por perseguir esas metas efímeras me perdía de lo que realmente importa (o al menos lo que he aprendido que realmente importa).
Curiosamente he aprendido en un par de años muchísimo más de lo importante que es vivir, de lo que lo había hecho el resto de mi vida. Y, ¿qué he aprendido?
He aprendido que de nada nos sirve estar vivos si no podemos amar, y que con los años aprendes no a amar más, si no a amar mejor; aprendí que Dios no tiene el control pero está a cargo de tu vida. También que nadie, absolutamente nadie, me va a amar como Jesús me ama y que Él es el estándar a seguir, que mi vida no puede seguir un montón de metas sin amor, que puedo soñar con estar casado antes de los 37 y tener hijos antes de los 40 años y que de todas maneras de nada me sirve si no disfruto y amo el camino antes de llegar a mi destino. Aprendí que intentar controlar mi vida o mi entorno sólo me lleva a una vida de sufrimiento y desdicha; y por favor no me mal intérpretes, no es lo mismo controlar que planear, un hombre sin planes está destinado a fracasar.
También aprendí que tener planes no significa que van resultar; y ceder el control significa que estos planes pueden cambiar y que yo tendré que ajustarme al cambio o sufrir muchísimo más por “perder” el control. Porque, no importa que tan planeada tengas tu vida, te aseguro que tus planes van a cambiar no una, sino infinidad de veces y tendrás que ceder en amor y amar el proceso, porque de lo contrario, una vez más te provocarás dolor tú mismo.
Quisiera darte un manual de cómo hacerlo y decirte paso a paso qué hacer pero como te dije; estoy aprendiendo, lo único que te puedo decir es: suelta, disfruta, que lo importante del destino es el camino, solo ten tus ojos fijos en Jesús pase lo que pase y tu mirada en Él. Lo que verdaderamente importa es el amor: ama a Dios más que a cualquier cosa, encuentra una pareja y asegúrate de ser digno(a) y ama de tal manera que tu vida sea servirle el resto de la misma, protégela(o) porque será quien te acompañe hasta el fin de tus días, encuentra tu pasión y hazlo para siempre, planea tus días y mantente expectante de lo que pueda pasar y junto con todo esto ¡aprende a amar el proceso antes de llegar a donde vayas!
No es fácil, pero valdrá la pena.

